Melanoma, cáncer de piel

¿QUÉ ES EL MELANOMA?

El melanoma es un tumor maligno derivado de los melanocitos, las células que producen la melanina que da el color a nuestra piel. Puede aparecer tanto sobre alguno de nuestros lunares como directamente sobre la piel sana, sin lesión precursora previa, y es más frecuente en pacientes con una serie de factores de riesgo.

¿ES FRECUENTE EL MELANOMA?

El melanoma es un tumor que ha adquirido gran relevancia en las últimas décadas debido al aumento exponencial su de frecuencia. Este hecho parece estar en relación con la exposición incontrolada de la población al sol y a las fuentes artificiales de luz ultravioleta (“lámparas de bronceado de los salones de belleza”). El Incremento de la incidencia anual se estima en torno al 5-8% en los países occidentales y cada vez estamos diagnosticando más casos en gente joven, de tal forma que casi la mitad de los casos aparecen en edades comprendidas entre los 35 y los 65 años. Es además el cáncer más frecuente en adultos jóvenes entre 25 y 30 años. Por este motivo se utiliza en algunos foros el término de “epidemia de melanoma”.

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¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN SU APARICIÓN?

Para su aparición influyen tanto factores genéticos como ambientales.
Con respecto a los primeros, hoy en día ya se conocen distintos genes involucrados tanto en el melanoma familiar (tres o más miembros afectados en una misma familia) como esporádico (que es el que ocurre en el 90% de los casos), lo cual permite por una parte identificar a aquellos individuos portadores de una especial susceptibilidad para desarrollar melanoma y por otra desarrollar fármacos dirigidos contra mutaciones específicas, las denominadas “dianas biológicas”.
Entre los factores ambientales, sin duda alguna el agente etiológico mejor conocido es la radiación ultravioleta, que produce roturas cromosómicas y alteraciones en el ADN de nuestras células. Concretamente sabemos que es especialmente perjudicial la exposición solar intensa e intermitente que se acompaña de quemaduras fundamentalmente en las primeras décadas de la vida. Igualmente aquellas personas que por motivo de ocio o de trabajo pasan muchas horas a lo largo de su vida expuestas al sol tienen un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad. La tanorexia u obsesión por el bronceado es un problema cada vez más frecuente y dañino en nuestra sociedad.

 


¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL MELANOMA?

La importancia del melanoma radica en es que es un tumor muy agresivo de tal forma que si se diagnostica en estadios avanzados la posibilidad de que produzca metástasis es muy alta y por tanto también lo es su mortalidad. Se estima que 20.000 personas en Europa y 9.000 en Estados Unidos se mueren al año como consecuencia de este tumor. Dicho de otra forma, en Estados Unidos cada minuto se diagnostica un melanoma y cada hora fallece una persona como consecuencia de esta enfermedad. Algunos personajes célebres, como el músico jamaicano Bob Marley o la hija del ex presidente Ronald Reagan fallecieron como consecuencia de las metástasis de un melanoma. Por ello nosotros los dermatólogos debemos poner todos nuestros esfuerzos y conocimientos en los programas de prevención.

¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR?

La prevención primaria consiste en evitar la aparición de la enfermedad. Para ello lo fundamental es educar a la población en el uso adecuado de fotoprotectores (tipo de fotoprotector, índice de protección, cantidad y periocidad de las aplicaciones…) y en la eliminación de conductas de riesgo (extremar las medidas de protección solar en niños; no exponerse al sol en las horas del día en las que el índice de radiación ultravioleta es mayor, es decir entre las 11 de la mañana y las cuatro de la tarde; reducir el tiempo de exposición; usar ropa y complementos adecuados…). Hay que recordar en este sentido que una exposición solar diaria de unos 15-20 minutos es suficiente para garantizar las cantidades necesarias de vitamina D para nuestro organismo.

La prevención secundaria por su parte consiste en, una vez que ya ha aparecido, diagnosticar el melanoma en fases muy precoces en las cuales se puede conseguir una curación en prácticamente el 100% de los casos. Para ello debemos instruir a nuestros pacientes en el control y en la autoexploración de sus lunares. La asimetría, los bordes irregulares, la policromía, el diámetro mayor de 6 mm para los lunares adquiridos, pero sobre todo cualquier cambio en el aspecto de un lunar previo o la aparición de un lunar nuevo debe ser motivo suficiente para alertar al paciente y acudir a un dermatólogo para su correcta valoración. El picor, la inflamación y el sangrado espontáneo pueden ser otros signos de alarma. Así mismo aquel lunar que tiene un aspecto distinto al resto puede ser potencialmente peligroso (“signo del patito feo”). Las visitas periódicas al dermatólogo son un pilar básico en el diagnóstico precoz de este tumor pues somos los especialistas mejor entrenados para reconocer clínicamente qué lesión pigmentada debe ser extirpada o cuál de ellas debe ser estrechamente controlada en revisiones sucesivas. Debemos insistir en que la mortalidad por melanoma es la mortalidad por cáncer más fácilmente evitable, pues nuestra piel, a diferencia de lo que ocurre con los órganos internos, puede ser explorada sin la necesidad de recurrir a técnicas invasivas. Podemos decir por tanto que es un cáncer que “se deja ver”.

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